¡Engarroten'zen
ahí
o
atásquen'zen
ora que hay zoquete! |
| . |
El Abismo-Dijo
Cutziano, mientras se limpiaba las uñas:
"Llegó el momento, cuando andaba arañando la piedra, que vi
para abajo y no vi más que el vacío bordeando los horrores del abismo.
Vi para arriba y no vi más que lo eterno esfumándose en una promesa redentora.
Estaba solo, con mis brazos, con mis manos, con mis dedos, con mis
piernas, con mis pies y con todas mis uñas.
Llegué a morder la roca... la sudé, la oriné, la zurré, la
escalé.
De mis uñas dependió mi vida.
La armonía del equilibrio fue mi sustento.
Respiré con sabiduría.
Pendiendo en el abismo, aprendí que eran mis dedos, eran mis
uñas, era mi vida, apostada en el abismo.
Yo podía ser mi verdugo, o podía ser mi redentor.
Esta fue la lección que aprendí cuando andaba arañando la piedra".
-Así lo recordó Cutziano con un suspiro de gratitud.
|