| El Agujero Me
viene a la memoria aquella escena de la avispa que habiéndose metido por un agujero del
mosquitero, quedó atrapada entre éste y el vidrio, en un mundo privado de tres
dimensiones, entre la malla, el horizonte perdido y el vidrio.
-Dijo Cutziano aprestándose a narrar tal ocurrencia.
No había espacio para volar, así que caminó hasta perder de los sentidos el
agujero.
Se acercaba, se alejaba, divagaba, repetía y se perdía, así pasaba el tiempo.
Traté de orientarla con la intención del pensamiento pero no había conecte.
Traté de guíarla con los impulsos del corazón, pero no había conecte.
Traté de encauzarla con sombras y amenazas que le proyectaba en el camino, para
hacerla regresar cuando se alejaba, para hacerla voltear cuando pasaba de largo a un
trecho del agujero.
Así pasaba el tiempo, recorriendo caminos muy trillados sin encontrarle sentido
al atolladero,
hasta que pasó caminando justo bajo el agujero; Le dí un golpe al vidrio con la
llema del dedo,
¡Pum!
La avispa saltó espantada hacia su amada libertad perdida.
Entonces recordé al Maestro, Osho, El Terráqueo Contemporáneo, y le lancé un
beso a la existencia...
¡Cuántas veces me pateó el trasero y salí volando a los cielos!
Gracias...
Por los favores inmerecidos.
-Así dijo Cutziano entre sonrisas y suspiros.
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