| El Atascadero De repente, después de mil pisadas, unas a ciegas, otras con
firmeza, en ocasiones brincando, otras corriendo, a panzazos y sentones, unos pasos de
felino, y otros de mamones.
Así, andando en el camino me encontré el atascadero.
Ya hasta se había formado un poblado; entre los que no se
animaban, entre los que descansaban, entre los que se curaban los raspones, entre los que
lloraban sus desgracias, entre los que calculaban sus ganancias, sordeándose a las
pérdidas y los moribundos que ignoraban sus tormentos, drogándose con su inconsciencia.
Algunos necesitaban público, otros, eran el público de aquellos. Y, solamente
unos cuantos se desafanaban de aquellos lamentos.
Lo que tenía yo por delante era el camino, allí estaba en el atascadero.
Par atrás, ni la intención, ni la añoranza.
Preferí no descansar en ese poblado, que no estaba antes sino en
el centro mismo del atascadero.
-Así comentó Cutziano una vez acerca de sus recuerdos.
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