| La Carga "Me
encontré un día con Don Alejo, que figura, que portento.
En el espinazo, atravesada sobre los hombros, una talega de cuero
rellena de centenarios, otro costal terciado, con bonos y valores.
Encima, obra de arte entre colorines e inversiones, deseando la
muerte del artista para que suban sus valores.
Arrastraba gran trineo sobre el zoquete.
Montaban el trineo: la señora, la otra, los hijos y las
suegras... más nueras y yernos incipientes, que juntándoles a todos la boca, se había
de hacer un gran boquete.
En la cauda del trineo, arrastrando la desdicha, un montón de
deudas, que alguna vez fueran de riqueza, fantasía y las tarjetas de crédito con todo el
peso muerto de un futuro ya vencido.
Caminaba por el atascadero, cada paso bien sudado, entre que
mantenía el equilibrio de sus posesiones, y que arrastraba la carga ignominiosa de aquel
trineo cargado de pretensiones.
Le crujía el esqueleto, le reclamaban las carnes, el corazón
fastidiado, sólo lo mantenía parado el almidón de su imagen maquillada.
¡Cambie Ud., la carga por la descarga, y andará ligero...!
Le grité y la familia, a coro me la mentó!"
-Así platicó Cutziano festejando el incidente, sin lamentarse un pito por el
recital del gentío que iba bien prendido de los doce millones de Don Alejo.
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