| La Cascada ¡Desvístete!
-Le contestó Cutziano a un intolerante comprometido que tenía el brillo de la
determinación y el atento acecho del rebelde, cuando éste le preguntó: ¿Qué es
dejarse ir?
¡Bañate!
-Le dijo Cutziano con ternura en la mirada, señalándole la cascada.
Sin perder tiempo en solicitar aclaraciones, el intolerante
comprometido, quedóse desvestido, con frío en el tiempo y el corazón encendido.
¡Qué te abrace el viento de la cañada!
-Le dijo Cutziano al verlo morado de frío, sacándolo de la cascada.
En ese momento se acerca la loca del barrio; Doña mente
colectiva, y le sugiere al intolerante comprometido que haga gimnasia para calentarse,
quién se va con la finta de la testa y mete el cassette de calistenia.
-Tercia Cutziano al ver que el rebelde perdió el acecho y le repite con voz
intensa:
Deja que te abrace el viento de la cañada, ¡Déjate ir...!
...Y, al ser acariciado por el viento helado, con la piel mojada
por el agua helada, aquel cuerpo se agitó afiebrado, muy al margen de intenciones y
opiniones.
"¡Dejarte ir es no estorbarte en el camino con opiniones de
gente muerta ni manipulaciones de gente viva!"
-Le aclaró Cutziano al caminante comprometido.
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