| La Cenicienta -Decía
Cutziano, al mantener la vista fija en los ojos de la concurrencia:
"En el borde del abismo, con la vista fija en el horizonte de
vacío, sentí miedo de perder control, sentí miedo de dejarme ir, sentí miedo de
disolverme, sentí miedo de rendirme a la existencia; sentí miedo de desaparecer en el
amor...
Reconocí el absurdo.
Soy criatura predilecta de la existencia, me ha hecho único, no
tengo copias, me ha amado, me ha nutrido.
¿De donde sale este miedo sin sentido?
Entonces brotaron del fondo del atascadero compartido, los ogros
de la infancia, el coco, el diablo, la bruja, y un ejercito de duendes y fantasmas, con el
fantasma santo incluído.
Comprendí entonces la ignorancia de todo adulto, forjado en el
mismo yunque, estupidizado por las mismas gentes, por la misma mente demente, que se
proyecta al futuro, en sus hijos, en sus nietos.
Es su herencia y su testamento:
Reducir a la creatura predilecta de la existencia, en vil jumento.
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