| La Cruz "Ya andaba yo ganoso de salir del atascadero, y entre que
filosofaba y caminaba, me encontré con un tendero de la Vera Cruz."
-Dijo Cutziano enterneciéndose con la memoria.
"¿Y, Ud., que vende?"
Le preguntó Cutziano a quién emprendía esa forma de ganarse la vida.
"¡El camino secreto de salida del atascadero!"
-Respondió Don Sacras, tras el mostrador.
¿Y, Ud., ya fue y vino?
-Le preguntó Cutziano, sopesando la veracidad.
Yo le vendo el secreto porque me fue
confiado... y conferido el gremio. La verdad le puedo probar.
-Dijo Don Sacras, señalando con su dedo artrítico de autoridad las negras
enaguas de su profesión.
¿A ver?
-dijo Cutziano.
Estamos en el centro del atascadero, ¿de acuerdo?
-Inquirió Don Sacras.
¡No, pues eso si!,
-Dijo Cutziano.
¿Ve ese poste, con una tabla atravesada, con una punta terminada
en pico, que dice salida del atascadero?,
-Preguntó Don Sacras.
¡No, pos eso si!
-dijo Cutziano.
Estando en el centro, cualquier dirección es salida. ¿No?,
-concluyó Don Sacras.
Lástima de cruz...
-dijo Cutziano.
-Cutziano se alejó de aquel tendajo de doctrinas de salvación,
riéndose de las puntadas de Don Sacras de entretejer a los sofistas y a Don Aristóteles
con el celo de un tomísta.
-Y en cada carcajada, a cada paso que daba, se le escurrían de
encima: la lógica... la doctrina... la filosofía... la teoría... la teología... la
moral... la ideología... y toda esa ideología ya sin gracia, pero convertida en
idiosincrasia.
"Es evidente que para salir del atascadero se necesitaba:
buena vista, buenas piernas, buena condición, buen olfato, buen oído, buen gusto, buen
sentido, estar alerta y relajado, y muy por encima de todo, tener la soberana intención
de hacerlo".
-Asi es como Cutziano platicó de aquella vez que empezó a salir del atascadero.
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