| Los Hielos "Rodeaba el atascadero una montaña, guarida de maleantes,
bestias salvajes y toda clase de alimañas.
Remataba la montaña un macizo escarpado de roca coronado con
casquete de perennes hielos.
El populacho conocía dos salidas, por los hielos o por el resumidero.
Los que argüían la síntesis se iban por un helado resumidero.
Harto de vivir en entre el zoquete, me escapé a la montaña, dormí con un ojo
listo, y una oreja prendida.
Comí ligero, limpié mi cuerpo, y bailé con la música de la montaña.
¡Me sentí vivo!
Sintiéndome agitado en lo de adentro, y con sed en el cuerpo, me agaché en un
arrollo para beber en el suelo.
Cuando mitigaba la sed del cuerpo, se reflejó en el agua el hielo eterno.
Me abrazó la sed de lo profundo, de golpe... de improviso...
Entonces me dí cuenta que mis pies caminaban ya hacia los hielos".
-Así comentó Cutziano, con una sonrisa placentera, para quién quisiera oirlo.
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