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Soy una voz más, nada más. Una voz sin rostro, una voz sin
nombre. Un susurro a veces, un secreto a voces.
Una voz más, nada más. Sin mitra, ni birrete. Sin cetro, sin
brida y sin fuete.
Una voz de un sólo celo... narrar cantando, su visión del cielo.
Una voz más, nada más. De tonos transparentes, de reflejos
graves. Sin avales, sin vitrales. Que expresa en sincronía, la grácil danza del palpitar
eterno.
Una voz más, nada más. Una voz que venera, la sabiduría innata,
y la caricia de la verdad que no ata. Una voz que resona, y sinrazona, la sensibilidad del
alma.
Una voz de un sólo celo... narrar cantando, su visión del cielo
La existencia tiene mil formas de hacerse presente y dar su
mensaje de liberación, ya que es intrínseca a su naturaleza la misión de hacerlo así.
Y no cabe en su espíritu la más remota posibilidad de no hacerlo.
Las formas que adopta la existencia son solamente recursos
circunstanciales desechables, actores marginales del enésimo capítulo en su eterna
búsqueda del enaltecimiento espiritual, acotadores juglares, voces y ecos a veces
consonantes a veces disonantes, a veces en silencio, solamente siendo. Otros son un poco
mas alharaquientos.
Estas formas no son excepcionales, son solamente relevantes a la
época. Estas formas no tienen ningún otro sentido ni aspiración más que dar el
mensaje, cantar su canción.
De hecho todo este cuento del mensaje es un absurdo existencial,
porque si lo enfocamos bajo la perspectiva de que cuando no estás preparado para
comprender el mensaje no tiene caso que se te sea dado y cuando ya estás preparado para
comprenderlo, realmente es obvio que ya no tiene ningún sentido que se te de.
Es entonces cuando comprendes el sinsentido
del Chiste Cósmico, del gran Juego de tu Trascendencia.
Sin embargo los mensajeros no pueden hacer nada al respecto porque
son como las rosas, que aún en un jardín solitario emanan sus fragancias, por la
sencilla razón de que su vida es un brote de su propio corazón, ésto es, de su Don nato.
La sociedad se siente profundamente ofendida cuando estas voces
disidentes profanan lo establecido por el sencillo acto de lanzar al viento sus decires.
Porque ellos ni son sacerdotes profesionales, ni son comunicadores profesionales, ni son
médicos profesionales, ni son sicólogos profesionales, por lo que no son voceros del Consenso del Gentío, ni son un carajo.
Pero estos son los verdaderos "vividores"
de la existencia a quienes les debemos todo progreso, avance y evolución. El resto están
ya muertos, solo que no se han enterado.
Y la sociedad se ofende porque lo que hacen estas voces es
restregar la herida todavía viva que bulle en el inconsciente y reclama su sanación.
Estas voces avivan la eterna duda que
ha sido sofocada a punta de amenazas.
Estas voces tienen la peculiaridad de aparecer cuando las
situaciones del entorno se degradan, degeneran o corrompen. Esta es una ley de la
existencia, es la manera que tiene la Divinidad de atraer tu atención a un punto.
Miles de voces son aplacadas en capullo, otras son segadas cuando
apenas balbucean. Una que otra se torna espectacular, ruge y brama ante la mediocridad
humana. ¡Pax Romana, Vergüenza Humana! Así son las cosas
de la vida. Entre más voces se aniquilen, más voces se gestan.
Esta es la ley. Si no sucediera así no podría haber evolución.
Los voceros aman tanto a la vida, que no tienen ningún empacho en
ofrecer la propia ante la gula social de sangre inocente. Así irrigan con su sangre la
simiente que habrá de fertilizar la miríada de voces que en caudales torrenciales e
inconmensurables inundarán una y otra vez este planeta...
Pésele a quién le pese queridos patriarcas.
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