| Lavado Hay
un rancho en las montañas, entre el lodazal y el desfiladero.
-Confió una vez Cutziano a un grupo de intolerantes que querían salir del
atascadero.
"Nombrado en honor de la luna, la mejor luz para escalar el desfiladero.
Primero en agua te remojas, para lavar los endurecidos adobones,
entre los dedos, entre las uñas, en los sobacos, las narices y entre los dos cojones.
Has de quedar limpio para cicatrizar heridas.
Has de quedar limpio para ver las flores, para oler los pinos,
para escuchar los conciertos del bosque, para gustar, del manantial el agua fresca y de tu
amada los sabores.
Has de quedar limpio para sentir de la existencia las caricias y
de tus vísceras el flujo y reflujo de tus sentimientos.
El agua lava el lodo...
En ese rancho te entrenas a escalar el despeñadero, a
usar tus sentidos y sentires, para ubicarte, para centrarte, y adquirir maestría para
trascender los hielos".
¿Y, en donde está ese rancho?
-Le preguntaron los intolerantes que querían salir del atascadero.
"Ocultas las señas tienes en la intención.
Dile a tus piernas que te lleven, y que te guíe tu corazón".
-Así fué el sentido de la contestación que Cutziano diera para quién quisiera.
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