| Más Allá -Sonriendo
con gesto compasivo, Cutziano narró ésta anécdota de sus andares:
Escuché el rumor de alguien de quién se decía que había
aprendido a vivir por encima del atascadero.
Caminé lo que hubiera que andar, para escuchar su consejo;
en qué menesteres habría de afanar, que disciplinas aprender, para salir del inmundo
fangal.
Me encontré con Don Gurutesta encaramado en una tarima de leños,
a escaso un metro por encima del zoquetal.
Sus seguidores, le traían el agua y la comida, y se llevaban sus orines y sus
cacas.
Por la mañana les aventaba el rollo, por las tardes sus bendiciones.
El populacho, ya enrrollado y bendecido, le lanzaba billetes a la
tarima para mantener vigente la ilusión, de que si se puede vivir por encima del
lodazal mil veces maldecido.
Agradecí la lección a la existencia, por ahorrarme tiempo y acortar camino.
Resulta que no es por encima, sino más allá del atascadero".
-Asi lo declaró Cutziano y siguió su camino.
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