| El Patriarca Al Dios borracho, el miedo le calaba en la osamenta, le deformaba la
carne y le carcomía el cerebro.
Ya había confundido su delirio con su esencia.
Se encontraba perdido, engañado y concluido.
El Dios borracho creía ser su borrachera.
En su borrachera cambió su miedo por la careta del temerario.
Sobre su inseguridad impuso la máscara del arrogante.
Y su dependencia ignominiosa la ocultó entre el maquillaje del patriarca.
El miedo, quedó relegado al olvido hasta que los gases de su
putrefacción escaparon, involuntaria y sonoramente, de tan estrecha prisión...
denunciando con el eructo y el pedo lo vulgar de su presencia.
¡El eructo sonó a miedo!
¡El pedo olió a miedo!
-Así dice Cutziano que ha sido el miedo del Dios borracho.
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