| Renunciación Pobre de mí, se lamentaba Don Mamón, que nada me sale bien, que he
fracasado en los cariños y triunfado en los desprecios.
Que la suerte no me favorece y los milagros me niegan.
Imán soy de maldiciones, bacinica colectiva de sus malas emociones...
¡Pobre de mí!
-¡Ah!, Dijo Cutziano ante el encuentro;
Un Dios borracho soñándose mamón.
Mira. -Le dijo al lamentoso, señalándole un niño:
Este mide menos del metro, pesa veinte kilos y está mudando; está dejando de ser
mamón.
Y, éste.
-Agregó Cutziano, poniéndole un espejo en la cara al desastrado.
Este mide uno ochenta, pesa setenta kilos, masca y muerde, y se empecina en ser
mamón.
Te ha crecido el hueso, te has rellenado de carnes, de creencias tienes el seso
obeso, lo único que no te ha crecido, es el respeto a tu dignidad.
Que mame el mamón, que en su momento está, y que el resto renuncie a tan indigna
profesión.
¡Esta es la verdadera renunciación!
-Así sentenció Cutziano ante la mamada del Dios borracho con la cruda del
mamón.
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