| La Rutina Era
la tercera vez que veía caer a Don Cayetano.
-Dijo Cutziano con una expresión que espoleaba el regocijo por escuchar sus
puntadas.
"Se tropezó con la misma piedra, se cayó en el mismo
charco, salpicó a los mismos bueyes y se tragó la misma mierda...
Imploraba lástima el desgraciado.
Los otros, ya molestos por los salpicones, la rutina hacían salir a trompezones.
Que es que, ahora si me has hecho enojar, que es que, ahora si me
la pagas descastado...
Don Cayetano, ya caído, se hacía bolita para aguantar tanta madreada."
¡Era su rutina implorar lástima y recibir letrina!
-Y, entonces dijo Cutziano a modo de aclaración:
Si Don Cayetano ha de querer andar erguido, habrá que evitar las piedras en el
camino;
Para evitar las piedras en el camino, habrá que usar los ojos;
Para usar los ojos aludidos, habrá que colocar a alguien detrás del instrumento;
Para colocar a alguien detrás del instrumento, habrá que reclamar tu presencia
al momento;
Para ésto, habrá que abandonar el repaso de la historia, el abuso de la memoria,
y lo mecánico de la rutina.
Vamos a ver si a la próxima le atina..."
-Así lo dejo saber Cutziano, recordándonos que podemos apagar el piloto
automático y dejar de ser robots.
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