El
Placer
La naturaleza misma de lo espiritual es el gozo.
Por lo mismo, el gozo no tiene nada que ver
con lo del cuerpo, ni con lo de la mente.
La felicidad pertenece a la provincia de la mente.
El placer es la sensación vibrátil de lo material.
Es el lenguaje de la abundancia.
El placer es el derroche del cuerpo,
es la vertiente de la demasía.
La escasez constriñe y enjuta.
La demasía se volca y engendra,
engalanando con su exuberancia la existencia.
Un pene erguido, una vagina cálida,
una boca y una lengua gustadora,
todo en concierto, todo palpitante,
un encuentro de pasiones placenteras.
El placer es de uno, es materialista, es centrípeta.
Uno se abandona, dejando la mente en el limbo
y ya no siente uno, sino que se convierte en sentidos.
Se sienten las imágenes.
Se subliman las sensaciones de las caricias.
Se emborracha uno con las fragancias
de los aromas y las hormonas.
Se hunde uno en las ondas de los mil sonidos concertados en el mensaje consentido.
Se saliva al lamer, relamer
y saborear el vivificante tránsito
de los mil manjares degustados.
¿Qué se puede decir del placer?
Además de que te rebota
de placenta en placenta
en su perene placentero andar.
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