| El Fracasado Los que eran mis amigos
Me tienen ahora por fracasado bien definido.
Aquellos que en mi familia enraizan,
se aspavientan...
ante mis quimeras incomprendidas.
Para mis compañeros los románticos caminantes,
soy más bien un tunante, que menosprecia,
sus creencias infantiles y rimbombantes.
Así poco a poco se han cercenado los lazos,
las cadenas, los muros y los barrotes...
Así he sido obsequiado
por la Deidad de La Existencia
con la Gracia de Su Soledad Bendita...
Ellos, con sus opiniones engrudadas
han conservado su / mi fachada:
Que si soy un desadaptado.
Que si con la vida estoy resentido.
Que si envidio sus fortunas.
Que si el éxito he desatendido.
Que si doy lástima.
Que si soy un limosnero.
Que si soy un inmaduro.
Chocantemente espontáneo.
Maleducadamente verdadero.
Amén de que mi seso, en su petulancia,
consideran retorcido...
Los consejos que a mi alrededor abundan,
son los que se dan a un quinceañero:
Que haga algo de provecho.
Que deje de escribir cursilerias.
Que ya no sea tan rebelde.
Que no diga tantas tonterias.
Que tenga respeto por el prelado.
Que me incline ante el poderoso.
¡Que me doble al afán de ganar dinero!
En fin, que le sobe el ego a los que tienen.
He pasado ya de los sesenta
y apeno en resistencia a muchos de treinta.
Correosa y resistente es mi portadura,
ágil y creativa la testadura.
El corazón sereno y primoroso
El espíritu libre de toda atadura.
Los sentidos ya saciados,
los apetitos satisfechos.
No he dejado para luego los placeres.
No he pospuesto:
Ni el asombro, ni el arrobo, ni la dicha.
Mis criticantes...
Ancianos de prematura decadencia,
jovenes obesos, adultos ñangos,
el que no alcohólico o neurótico,
y todos, por rutina deprimidos.
¡Quesque, ...ahora se dice enviagrados!
Eso sí, de grandes fortunas acumuladas...
para poder gastarla en doctores,
en hospitales, en siquiatras, enfermeras
y masajistas, en curitas y otros confesores.
Yo prefiero convivir con las criaturas silvestres...
que derraman la exhuberancia de sus vidas,
en su danzar, en su cantar, en su jugar,
en su amar y en su mimar.
Con el desenfado de una Gitana,
con la inocencia de una criatura
y la vitalidad de una amazona.
Atrapados están mis detractores.
En sus pocilgas de oro, embelesados.
Sin haber saboreado de la vida los exaltares...
Qué decir de haber degustado
de los sentidos, sus mil amores...
Muertos están ya los "triunfadores"...
Que no tardaron en traspasar los eternos umbrales,
sobre tapetes de ambiciones insatisfechas,
desde sus jaulas áureas hacia sus catafalcos,
que al estar muriendo, mil riquezas cantaron,
con sus bordados de oros y de sedas, entretejidos.
Además de angustias, sorpresas,
sinsabores y frustraciones y lamentos.
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